Respuesta de emergencia ante un sismo en el contexto de la pandemia por COVID-19

Señor editor:

El 29 de junio de 2021 a las 11:00 am, la Red de Estaciones del Servicio Sismológico Nacional Cubano registró un sismo de magnitud 5,1 en la escala de Richter. Fue localizado en las coordenadas preliminares 22,78 grados de latitud norte y los 83,22 grados de longitud oeste, con una profundidad de 5 km; situado a 17 km al noroeste de San Cristóbal en la provincia de Artemisa.1

El evento se produjo en el contexto de una emergencia sanitaria mundial provocada por la COVID-19. El Hospital General Docente “Comandante Pinares”, ubicado en esta ciudad, sufrió daños estructurales que afectaron la prestación de servicios médicos y demandaron la activación de un plan de respuesta ante situaciones de desastres. Se garantizó en primer lugar la seguridad de los pacientes y, además, el cumplimiento de los protocolos sanitarios para contener una pandemia cuyos indicadores epidemiológicos iban en ascenso.

El personal sanitario de la propia institución intervino en el traslado de pacientes a zonas seguras. Las fuerzas del Ministerio del Interior y el Comando Territorial de bomberos participaron en las acciones de rescate. La gestión conjunta del Gobierno y el sistema de salud en el territorio permitieron la evacuación de 296 pacientes a instituciones hospitalarias cercanas. Entre los evacuados se incluyeron diez pacientes en unidades de cuidados intensivos, ocho neonatos en terapia, recién nacidos, embarazadas, sospechosos de alto riesgo de COVID-19, y otros pacientes ingresados en las diferentes salas del hospital.2

Autoridades del Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas consideraron que el sismo ocurrido en Artemisa respondía a un proceso normal en una zona que históricamente ha registrado terremotos, aunque sean poco frecuentes.1 En los días siguientes al evento se procedió a la evaluación de daños, reactivación de los servicios vitales y emprendimiento de las acciones constructivas para rehabilitar una institución hospitalaria de gran importancia para la salud pública en el occidente del país.3

Los terremotos tienen impactos sustanciales en la mortalidad en países de ingresos bajos y medianos.4 Además de los múltiples efectos que producen, ponen en evidencia la vulnerabilidad de los sistemas de salud y crean la necesidad de adoptar y poner en práctica un plan de contención y mitigación de daños a la salud. Asimismo, el comportamiento de las personas durante un terremoto es un factor importante de predicción de su supervivencia, por lo tanto, la educación de la comunidad acerca de cómo comportase durante un evento es primordial. Por consiguiente, la preparación es necesaria a nivel comunitario, organizacional y de política pública, particularmente de los servicios sanitarios.5

Los servicios de salud deben prepararse para cambiar las prioridades de salud con un cambio del tratamiento inicial de las lesiones relacionadas con el terremoto a las necesidades de salud más generales que ocurren dentro de las primeras semanas. Los planes de contingencia deben contemplar líneas de comunicación abiertas; tipo de servicio, materiales y recursos con los que cuenta el hospital, así como la identificación y asignación del personal al área de recepción de heridos; llegada de las víctimas al área de urgencias y uso de traje hospitalario como único punto de acceso; identificación, registro y categorización de los pacientes de acuerdo con la gravedad y urgencia; la derivación de pacientes según el tipo de necesidad, y el depósito e identificación de cadáveres, así como a los responsables de esta labor.6

Los acontecimientos del 29 de junio dejaron daños materiales, heridos y alteraciones psicológicas importantes en la población del territorio. Las circunstancias en las que se produjo, en medio de una crisis sanitaria donde las autoridades habían decretado restricción de movimiento y cumplimiento de las medidas higiénico-sanitarias, hizo que la respuesta a este terremoto fuera un desafío adicional. La estrategia de acción puso a prueba la eficacia y pragmatismo de los planes de operaciones previamente diseñados, de esta manera las estrategias de comunicación con los principales actores en situaciones de desastre y el público en general.

En general, la respuesta sanitaria al terremoto fue exitosa. En el plano individual y laboral, para los trabajadores de la salud se reafirmó la vocación humanista de sus profesiones. Demostró la importancia de la autopreparación y superación constante para manejar con la mayor destreza escenarios en los que se debe priorizar la vida y la seguridad de los pacientes. En el plano administrativo se evidenció la importancia del accionar conjunto entre las instituciones sanitarias, gubernamentales y militares; de este modo la necesidad de diseñar, actualizar e implementar oportunamente protocolos de respuesta ante situaciones de desastres poco previsibles.

Referencias bibliográficas
Historial:
  • » Recibido: 10/11/2021
  • » Aceptado: 14/11/2021
  • » Publicado : 08/04/2022

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