Salud Pública en Cuba: el reto de aprovechar todas las experiencias de la COVID-19

Un año atrás, desde estas mismas páginas, comentábamos acerca de los muchos desafíos que se vislumbraban aún para Cuba como consecuencia de la COVID-19. No podíamos imaginar entonces la magnitud real de la situación epidemiológica que tendríamos que enfrentar en el transcurso del 2021.

Los últimos doce meses han sido extremadamente complejos para nuestro país: no solo debido al negativo impacto económico provocado por la pandemia, sino también por los muchos retos que trajo consigo para los profesionales de la Salud.

El incremento acelerado de los contagios después del primer trimestre -ocasionado por la entrada de las nuevas variantes del SARS-CoV-2, entre diciembre y febrero- demandó multiplicar esfuerzos en todos los sectores y de manera muy significativa en el nuestro.

En un escenario que marcó en agosto las peores cifras de la epidemia desde la confirmación de los primeros casos en marzo de 2020, la actualización constante y oportuna de nuestros protocolos posibilitó hacer frente en mejores condiciones a las complicaciones que ha significado la enfermedad. Así fue concebido en el Plan para la Prevención y Control del nuevo coronavirus, aprobado por el Consejo de Ministros -en fecha tan temprana como enero de 2020- y en consecuencia hemos actuado en estos más de 21 meses.

En medio del extremo contexto epidemiológico se hizo inevitable crear nuevos centros asistenciales y ampliar las capacidades de ingreso hospitalario de manera exponencial, tanto para casos sospechosos y pacientes con enfermedad leve y moderada, como para la atención a graves y críticos.

Ante los retos, nacieron soluciones. Tal es el caso, por ejemplo, de las salas de Vigilancia Intensiva (UVI): su concepción innovadora, tanto en lo referido al protocolo como en la forma de atención, ha permitido que más del 80 % de los enfermos en estadio moderado que ingresa en ellas no llegue a las terapias intensivas.

Tampoco podemos olvidar los difíciles días vividos a partir de la baja cobertura de oxígeno medicinal para la atención a los pacientes. La integralidad y coherencia con que se trabajó durante esas jornadas desde todos los sectores, así como la milimétrica preparación de las operaciones de traslado, por parte de los profesionales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, constituyen una experiencia de la cual aprendimos todos en el país.

El 2021 fue un año también para incrementar la preparación de nuestros profesionales en los más diversos ámbitos, y con ello fortalecer aún más la epidemiología y la medicina familiar, dos elementos esenciales del sistema de Salud cubano que facilitaron el respaldo de las acciones para el enfrentamiento a la COVID-19.

Y el 2021 fue, sobre todo, un gran año para el hacer de la Ciencia: de ella surgieron las mejores respuestas para combatir al virus, a partir del desarrollo como nunca antes había ocurrido en el país. Es un hecho que nos llena de orgullo y nos ha dotado de soberanía tecnológica en medio de un complejo contexto epidemiológico.

Por solo mencionar algunos ejemplos podemos recordar los mil 23 proyectos de investigación e innovación que se han llevado a cabo tanto a nivel nacional, provincial como institucional; la conformación de una carpeta con 27 productos desarrollados por las empresas de BioCubaFarma; la creación de hisopos y medios de cultivo cubanos que han posibilitado una amplia cobertura diagnóstica; y el empleo de más de 170 ventiladores pulmonares producidos por la industria y su Centro de Neurociencias.

Además, en el Centro de Estudios Avanzados de Cuba se crearon insumos nanotecnológicos utilizados ampliamente por los laboratorios de Biología Molecular; y empresas de BioCubaFarma avanzan en el desarrollo de equipamientos e insumos para el diagnóstico por PCR de la COVID-19 y de otras enfermedades.

Entre otros estudios e investigaciones enmarcados en estos meses, sobresalen los asociados con el diagnóstico molecular de la COVID-19 y sus variantes circulantes; la introducción de nuevos medicamentos; la modelación matemática a fenómenos epidemiológicos; y otras investigaciones clínicas, genéticas, psicológicas y sociales.

A las mujeres y hombres de ciencia de nuestro país debemos también el desarrollo de vacunas y candidatos vacunales propios que nos han permitido un vertiginoso ritmo de inmunización entre nuestro pueblo, incluida la población pediátrica mayor de dos años. De manera satisfactoria se avanza, además, en la aplicación de dosis de refuerzo a las personas con seis meses o más de haber recibido la última dosis de su esquema de vacunación.

Son realidades que nos llenan de orgullo y demuestran las innumerables potencialidades de Cuba y sus profesionales, fruto de los valores del patrimonio tangible e intangible que comenzó a gestarse con el triunfo de 1959 bajo la guía de Fidel.

Si bien el enfrentamiento a la COVID-19 ha marcado el desarrollo de las principales acciones en el sector de la Salud en Cuba, también hemos asumido diversos retos en cuanto a servicios y programas priorizados.

El complejo escenario epidemiológico, unido al déficit de recursos financieros para respaldar medicamentos y actividades, demandó mayores esfuerzos desde el sector y la implementación de acciones acorde con las particularidades del contexto, que no siempre nos han permitido satisfacer todas las demandas de nuestra población.

A ello se unen, igualmente, problemas asociados con la organización y calidad de los servicios en determinados lugares. Perfeccionar cada acción que no nos ha salido bien es el principal reto que tenemos por delante los profesionales del sector de la Salud y no defraudaremos a nuestro pueblo.

El 2022, tenemos la certeza, será otro año de muchos desafíos. Aprender a convivir con la COVID-19 y a la vez garantizar servicios de calidad en las diferentes instituciones médicas serán pautas que marquen el empeño cotidiano del sector.

Entre las principales direcciones estratégicas hemos definido, en primer lugar, garantizar la calidad de los servicios, en correspondencia con los principios y valores de la Salud Pública cubana, lo cual demanda seguir trabajando para consolidar el funcionamiento y la resolutivitad del Programa del Médico y la Enfermera de la familia.

Como recurso indispensable del trabajo cotidiano, a todos los niveles del sistema, continuaremos potenciando la ciencia y la innovación, para respaldar la producción de medicamentos y tecnologías médicas de factura nacional que permitan una mayor protección la vida de nuestro pueblo.

A su vez, avanzaremos en la informatización de las principales actividades organizativas y asistenciales, que han de convertirse en motor impulsor del quehacer cotidiano. De igual manera, será constante el perfeccionamiento del proceso de formación y superación de los profesionales y técnicos, como garantía para contribuir a elevar la calidad de los servicios.

En ese camino, resulta primordial mantener un vínculo constante con la población, que nos permita conocer sus preocupaciones y sugerencias, para encontrar juntos las mejores soluciones y, cuando no sea posible hacerlo, explicar hacia dónde se encamina nuestro trabajo.

En el barrio seguirá estando nuestro principal desafío, pues de la manera en que logremos allí organizar las distintas actividades asistenciales y atender a la población, dependerá en gran medida la satisfacción de sus principales demandas y necesidades.

Como premisa esencial mantendremos también el fortalecimiento constante del sistema de vigilancia epidemiológica; de manera que se garantice el control efectivo de las medidas que aplicamos para contener definitivamente la epidemia provocada por la COVID-19 en el país, así como la prevención y control de otras enfermedades trasmisibles y no trasmisibles.

Llegar a este momento ha sido obra de muchos, cuyo heroísmo cotidiano -muchas veces desde el anonimato-, es un baluarte indispensable para el hacer de la Salud Pública cubana.

El reconocimiento y el cariño mostrados por nuestro pueblo en estos difíciles meses nos llenan de orgullo y constituyen un compromiso para alcanzar niveles superiores en el quehacer diario. Los nuevos y diversos retos que tenemos por delante son impulso para hacer más y mejor: ese es, y será siempre, el propósito esencial de nuestro trabajo.

Historial:
  • » Recibido: 27/11/2021
  • » Aceptado: 15/12/2021
  • » Publicado : 08/04/2022

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